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jueves, 19 de marzo de 2009

Cuando Robinson Crusoe es adicto a la cafeína...


¿No os ha pasado? Seguro que sí. Noches en las que no podeís dormir, dais vueltas en la cama intentando conciliar un sueño que no llega, mirais el reloj inquisitivamente, como preguntándole por qué el tiempo va tan lento, mirais al techo y hasta os ponéis a contar las sombras que el minúsculo rayo de luz que entra por debajo de la puerta (o ventana) deja a su paso. Noches como esta y la soledad que a veces azota mi vida y que me hace sentir como si estuviese en una isla desierta son las dos cosas a las que me recordó el título del blog del que a continuación voy a hablar: "El Café de los Naufragos"

Se trata de esa clase de narracciones, que hechas sin ningún tipo de pretensiones, acaban por dejar huella en el lector. Ahora mismo se me viene a la cabeza, columnas escritas por Arturo Pérez Reverte en El Semanal o extensos artículos elaborados por mi crítico de cine favorito, Josep Parera en la revista Imágenes de Actualidad. Sin embargo, en esta ocasión, es lógico suponer que la persona que está detrás del blog, y que no nombraré por respecto, ha hecho de la sencillez arte y sin quererlo ni beberlo se ha visto elevado -al menos desde mi punto de vista- al Olimpo de los "blogueros", lugar que tal y como "bien" recuerda la lista de Bitacoras.com sólo alcanzan "unos pocos afortunados".

Sin embargo, no dudo ni por un momento que nuestro querido bloguero que se encuentra tras la obra de arte que ha creado, si pone empeño, esmero y cuida como una madre a su hijo a su blog alcanzará muy pronto una posición muy notable en las distintas listas que catalogan a los mejores blogs. Y doy esta confianza a este blog porque, cuando una narracción en dos días es capaz de despertarme una cierta "impaciencia" por una nueva, es porque ese tío o esa tía vale la pena y sabe de lo que está hablando.

¿Y sabe este náufrago de lo que habla? Por supuesto. Su estilo es peculiar, pero engatusa al lector. Le dá incentivos para continuar la lectura y hasta se atreve con premiarle con música, que además no sólo está puesta adrede en su entrada, sino que hasta la describe. Y es que si la música, como dice aquella famosa frase, es la transposición sentimental de lo que es invisible a la naturaleza, tal vez convendría hacer MÚSICA y EL CAFÉ DE LOS NÁUFRAGOS sinónimos. Y es que, tal vez, la música como leitmotiv de la vida puede deparar, como un simple blog, tanto alegrías como tristezas, atrapar y conmover al oyente, engatusarlo, asustarlo, preocuparlo o enamorarlo. Y si alguien al leer La voz quebrada y desnuda se ve extrañamente arropada por una orquestina que parece improvisar sobre la marcha, al dictado del alcohol no se conmueve es que o bien miente, o bien no entiende el arte, puede que hasta postmoderno, de un escritor con un prometedor futuro. Tal vez ya esté enamorado, aunque no de personas ni de almas, sino de artículos, de artículos que aún están por venir. Como diría Woody Allen: “Para mí el amor es algo muy profundo. El sexo sólo tiene que alcanzar unos centímetros.

Creo que por primera vez en mi vida ya no me siento solo y tengo sueño. Sé que, además, hay otros como yo.